sábado, 3 de mayo de 2008

La cena de las frustraciones

Esta bien eso de escuchar a los demás, sobre todo porque de esa manera puedes darte cuenta de las exageraciones que puedes hacer sobre ti mismo. Anoche, por ejemplo. No tenía excesivas ganas de salir, y menos en grupo. De hecho apenas iba a tomarme una cerveza con un francés que ha estado visitándonos esta semana, para enseñarse un poco la ciudad y que por una vez no cenara en un döner. Por eso cuando me dijo M, un hindú casi recién llegado, que quería tomarse algo anoche, mi primera reacción no fue de entusiasmo. Al final nos juntamos cinco personas, así que a tomar por saco la cerveza tranquila.

Elegí el sitio, Ponte, un restaurante con una carta sencilla, basada fundamentalmente en pastas y pizzas, con una interesante terraza en plena Maximilianstraße. No caí que aún hace fresco para una cena nocturna al exterior, así que nos metimos dentro. El objetivo, disfrutar de la Spargelwoche, semana de los espárragos, que enriquecía las posibilidades de elección.

Este hindú es más abierto y más normal que el otro que tenemos en el instituto, que tiene un carácter un poco extraño y hace bromas raras. Por las razones que sea, no ha sido una semana muy fructífera tampoco para él. De hecho, mientras íbamos camino del restaurante me contó que se sentía bastante frustrado. "Manda webs", le vine a responder. "Si acabas de llegar, no puedes decir eso aún." Que un tío doctor por Cambridge y con estancias posdoctorales en Estados Unidos, incluyendo una en Yale, y con un artículo en Science recién publicado te venga con esas historias, es, cuando menos, algo chocante. Curioso, eso de ver a alguien con una actitud muy parecida a la tuya, aunque sea mínimamente, porque ni mucho menos hay comparación posible. Esto lleva a pensar que a fin de cuentas, hayas conseguido lo que hayas conseguido, lo que importa es cómo eres, y cómo seguirás siendo por mucho que las circunstancias que te rodeen sean unas u otras. El nivel de autoexigencia y de la consiguiente insatisfacción de cada uno es el que es, y poco se puede hacer contra él. Un gran defecto...

Luego durante la cena, hablando sobre los países y formas de ser, el alemán nacido en Brasil y que hablaba cinco idiomas, incluyendo el japonés, nos contaba que una de las características que más le llama de atención de los alemanes es la forma de quejarse continuamente por todo, ya sea el tiempo, el trabajo, el dinero que ganan, las ciudades, no sé, cualquier cosa. Yo ahí dije que mi caso es similar, pero que sólo hay que pararse y pensar un momento, ya sea en otros países o en otras personas, y darse cuenta que realmente nuestras quejas no tienen apenas justificación. Todo depende de la comparación, pero para eso es necesario conocer otros sitios, apuntó el colega germanobrasieño. Algo así recuerdo haber hablado con otro amigo alemán, hace ya tiempo. Y se me quedó en la memoria una frase suya, al respecto de las quejas: "they are not nonsenses"

Al final acabamos en el famoso Oskar para tomar unas caipis y terminar de emborrachar al japo. Como intuía, el amigo de las cinco lenguas me confirmó que las caipirinhas del Oskar no tienen nada que envidiar a las brasileñas, al contrario que en otros sitios de Alemania. Lo interesantes que son las conversaciones en inglés con extranjeros cuya lengua materna no es el inglés. ¡Qué diferencia!

Por cierto, esta noche toca cena en casa de un compañero de instituto, así que nos volveremos a juntar mil. Y, ante las continuas insistencias por parte del respetable, me toca volver a hacer una tortilla de patatas. A ello voy...

2 comentarios:

Josel3 dijo...

Lo que yo te diga, mal de muchos, consuelo de... todos :)

Ánimo para mañana ! Tu al menos tienes con quien darte una vueltecilla por ahí :)

Pedro dijo...

Suerte con la tortilla y ya nos contaras como ha salido;)!