Uno tiene a buscar por internet los vídeos canciones que escucha por la radio y le resultan agradables. Para ello la radio que escucho aquí en Alemania tiene una web perfecta, ya que te permite elegir un día y hora y automáticamente te devuelve las canciones que han emitido.
A veces no se tiene suerte, porque puede que el vídeo destroce una buena obra, pero esta vez no ha sido así. Desde hace unas semanas no para de sonar una canción de una joven chica noruega, Marit Larsen, que me ha llamado la atención. Ha actuado de telonera de Jason Mraz e incluso han llegado a cantar juntos, así que no creo que sea especialmente mala. Creo que en España es poco conocida, corregidme si no estoy en lo cierto.
Y el vídeo en cuestión, que me ha gustado más incluso que la canción, muy muy sugerente y sencillo a la vez. If a song could get me you, se titula la canción. Picad para verlo en grande. Y si os gusta, tiene una versión en directo en un tren en Oslo.
domingo 25 de octubre de 2009
Marit Larsen
lunes 19 de octubre de 2009
Schweineschulter
Dos han sido las aportaciones de este fin de semana. Una, que no sólo de Haxe viven tus visitantes. La otra, que en general las ciudades no sólo se reducen a su parte central. Nada nuevo, ciertamente.
Las visitas, ya sean dadas o recibidas, siguen discurriendo sin fin. Segundo fin de semana consecutivo de anfitrión. Creo que desde primeros de Julio, entre unas cosas y otras, apenas he tenido dos fines de semana de Agosto y otro a finales de Septiembre en los que haya estado completamente solo. Positivo y motivo de alegría, obviamente.
Ayer enseñando Nuremberg a dos amigos. Hoy, domingo tranquilo y relajado en Bayreuth. Ya son dos fines de semana en los que puedo disfrutar del trasiego matutino de las ciudades alemanas, pese a que este ha sido algo lluvioso y bastante frío, aunque el sol intentaba salir a ratos para alegrarnos el día, Y como la tradición manda que hay que tomar el correspondiente Haxe, hoy he cambiado la elección y he elegido un restaurante-posada más auténtico, tradicional, familiar y acogedor, con un servicio bastante bueno y cercano y situado un poco alejado del centro de la ciudad, aunque no demasiado. Les hablo del Goldener Löwe de Bayreuth, el León Dorado. Ya intenté ir allí con la antepenúltima visita allá por mediados de Septiembre, pero estaba cerrado. Más pequeño de lo que uno se puede imaginar, sin demasiados lujos y algo minimalista, razón por las cuales entrar desde la fría y húmeda calle supone, más aún, un gran motivo de satisfacción.
No tenían Haxe, pero nos han recomendado en su defecto un Schweineschulter. Con sus correspondientes Klöße, que no podían faltar. Franconia en estado puro y para nada desorbitada. La felicidad y tranquilidad casi tocada con los dedos. La sobrevaloración que tenemos los españoles sobre nuestro país y nuestras cosas, aunque quizás esta afirmación pueda ser algo injusta. Luego café, más paseos, más Wagner y más anfitrión. El otoño, que sigue su curso y no descansa...
viernes 16 de octubre de 2009
¿Y por qué no te quedas?
Hace apenas una semana una amiga italiana no se lo podía creer, mientras disfrutábamos de una paella de mariscos en mi casa.
"¿Que te vuelves para España? ¿Por qué no tratas de encontrar algo más estable aquí (i.e. Bundesrepublik)? Tú estás agusto aquí, estás integrado, estás informado de lo que pasa en Alemania. No lo comprendo"
Yo tampoco lo comprendía, para ser sincero. ¿Razones para volver? Primero que uno no es uno solo, sino todo lo que lo rodea. Aunque eso no debería ser motivo para no poder dar un golpe encima de la mesa y, quizás injustamente, mandar a todo el mundo a freír espárragos. Tampoco es eso. Aunque si se toma tal decisión, se deben tener las ideas bastante claras, que no es el caso.
"Es que siento que me voy a meter en la boca del lobo y que todo va a ser un agobio, que me voy a encontrar con situaciones donde la ineficiencia y la falta de motivación van a brillar por su ausencia y, o aprendo a calmarme, o el nivel de frustración puede ser antológico -tal y como me comentó una antigua compañera de trabajo de Sevilla-. Y por no hablar del agobio de la ciudad. Tío, que aquí tengo el trabajo a 15 minutos andando. Que no hay atascos. Que en otros 10 minutos andando estoy en el centro de la ciudad donde lo tengo todo. Que no me molesta nadie pero no me siento solo para nada"
Para que me entiendan ligeramente, el proyecto o idea, que siendo sinceros es muy difícil aunque eso no implique se se renuncie a él, es iniciar desde el principio una nueva andadura científíca. Y cuando digo desde el principio es así, porque no tenemos ningún medio material, sino medios humanos, y no especialmente abundantes. Y todos, incluyendo quien esto escribe, deberían recibir abundante formación. De sueños e ilusiones también se vive...
"¿Razones para volver? Pues agarrar mi coche e irme este fin de semana a Cádiz, así de simple. Aunque quizás haya que cambiar el chip. Cambien Cádiz por Dresden. Agarrar mi coche y largarme a pasar el fin de semana a Sajonia. O a los Alpes bávaros. O directamente a Hamburgo a comprar pescado mañana por la mañana"
Al final uno de mis compis va a tener razón cuando me dijo hace dos semanas que lo que tenía que hacer es vender mi coche español y mi garaje. "Tú te tienes que quedar donde estés más agusto" me acaba de decir mientras comíamos pasta tranquilamente y sin agobios ni aglomeraciones ni masificaciones en el comedor de la Universidad. El problema es que la norma general de todos los que tenemos edades y situaciones parecidas es no parar de repetir la famosa frase "no sé lo que quiero hacer con mi vida"
jueves 15 de octubre de 2009
Polarluft
Esta mañana se quejaban en Antenne Bayern, la emisora musical que suelo escuchar por estas latitudes, de que hace apenas una semana teníamos 27ºC en el Freistaat mientras que en el día de hoy se esperaba nieve. Sucede que hace una semana la flecha que aparece en el mapa que les adjunto era roja y apuntaba justamente en sentido opuesto, con origen en nuestra Spanien. Hoy es azul y viene de Escandinavia. Conclusión: temperaturas máximas del orden de cero grados. Así de repente.
Y sí, hoy han caído los primeros copos de nieve de la temporada. Breves y ligeros, sin tiempo para cuajar, pero han caído. La chaqueta de entretiempo española apenas me ha servido una semana. El abrigo de invierno sevillano lo he estrenado hoy, pero parece que durará poco porque no será suficiente. Hoy también ha sido el segundo día de bufanda, y el primero de guantes. Y hace dos semanas, en mangas cortas en el aeropuerto de Munich. Sin solución de continuidad está llegando el invierno a esta nuestra Bundesrepublik...
lunes 12 de octubre de 2009
miércoles 7 de octubre de 2009
Los jefes y su humor
Después de que ayer por la tarde mi jefe, recién llegado de Suiza y camino de otro país exótico, me mandara diplomáticamente a freír Bratwürste (i.e. no tengo tiempo para la revisión final de tu artículo que lleva escrito más un año. i.e 2 un día me hartaré, lo mandaré tal y como está y que sea lo que Dios quiera), hoy me ha hecho mucha gracia un mail que ha mandado otro de los jefes a los estudiantes de un determinado proyecto, invitándolos a ir a un curso determinado. Copy&paste. Épico, no me he podido reír más:
(1) Are you going to participate. If you say no, I need a good reason. I would not be happy with anything below: grandma's 75, 80, 85, ... birthday; my wedding; expected birth of my triplets; .... On vacation, boyfriend visiting, in Georgia for wine harvest, good skiing, ice skating in Siberia, ... would not work.La próxima excusa que se me ocurra será la de que me tengo que ir a la vendima de Georgia :p
lunes 5 de octubre de 2009
Lo que marca nuestras vidas
Lo que influye en todo lo que nos rodea, en por qué estamos donde estamos, con las personas que estamos y haciendo lo que estamos haciendo. Y por qué consideramos que unos tienen más éxitos en la vida que otros, o les va mejor. Considerar, es decir, percepciones muy subjetivas, porque luego la realidad personal de cada uno es algo que podemos pasar muy por alto y sobre lo que se puede estar muy confundido.
Tres son las ideas, que además están relacionadas. La primera es el pensar en las consecuencias de nuestras acciones, es decir, entre ser más espontáneo, lanzarse al ruedo y luedo lidiar con lo que uno se encuentre, o entre pensar mucho las cosas, darles muchas vueltas y nunca terminar de decidirse. Esto último está unido a la responsabilidad, y no a la de uno consigo mismo, sino la de uno ante los demás, especialmente si en tu entorno siempre te han señalado como modelo a seguir, lo que supone un extra nada desdeñable de presión. Y ahí es donde viene la tercera, el miedo al fracaso y a ser señalado por ello. Ya no solo es arriesgar, sino que encima tiene que salirte bien. Porque si te va mal, además de la sensación de haber fallado, llevarás contigo la carga de haber defraudado al resto del mundo. Por si no fuera poco.
Nah, conversaciones con amigos en estos mundos de Dios que quería compartir con los que por aquí pasan. Esta tuvo lugar en una cafetería del Sony Center, cerca de la Potsdamer Platz de Berlín, una fresca y lluviosa mañana de domingo de Septiembre.
sábado 3 de octubre de 2009
Las suposiciones
De que al resto del mundo le va todo perfectamente. Craso error. Unas cosas son las apariencias y otras, aunque no siempre, la dura y cruda realidad. No hay nada como apartar un poco las obligaciones laborales y hablar un poco con las personas que tienes al tu alrededor, ya sean más o menos cercanas. Y te puedes llevar muchas sorpresas. Desde cosas mayores hasta pequeños asuntillos sin importancia. "¿Y por qué no me lo has contado antes?" Y no soy sólo yo el que lo piensa, sino algún que otro amigo y compañero de mi generación (los que estamos entre 25 y 30 años). Quizás sea la evolución normal, quizás sea este el momento, quizás haya que irse al extranjero y desaparecer para que las relaciones afectivas se refuercen, no lo sé. Miedos, inseguridades, temores, timideces, no lo sé, pero esto parece funcionar así. Será ley de vida. Será la llegada del otoño, será la crisis. Lo repito, no sé. Porque es una tras otra. De repente todo mi círculo de amistades, más o menos cercanas, está especialmente receptivo. Nunca había pasado algo similar. Y eso te hace que te plantees que en muchas cosas estás equivocado, en que no sólo debes buscar afecto y comprensión, sino que en la mayoría de las veces eres tú el que tiene que darlo. Sin que te lo pidan. Y que no hace falta estar decaído o triste para hablar con los que te rodean. Cierto que hay gente para todo y que también hay que saber elegir con quién se junta uno, pero algo mal hemos tenido que estar haciendo en nuestras vidas. Porque a fin de cuentas esto es lo único que nos queda en esta selva cruel en la que vivimos.
Y el tema que quería tratar hoy, en este intento que tengo por recuperar los momentos más destacables que he vivido con diferentes amigos y amigas en el pasado mes y en mis estancias tanto por España como por Alemania. Repito la frase de antes, algo debe fallar en nuestra sociedad y también entre nosotros mismos para que lecturas como las que os traigo hoy sólo nos produzcan una honda sensación de tristeza. Aunque, quizás, también nos traiga algo de esperanza. No es que haya sido la primera vez que me pasa, pero sí es, quizás, la más cercana. Y este artículo de Arturo Pérez Reverte lo describe de una manera genial:
Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.
Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los ví cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.
Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adoslescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad.
La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.
A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura.
Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.
jueves 1 de octubre de 2009
Cambio de conceptos
Vitales. Evolución, que es la palabra que quizás se pueda usar en este contexto. O madurez, o cambio de perspectivas. Si hasta hace no mucho tiempo el concepto que definía mi vida y con el que más me identificaba era con el de insatisfacción, ya sea personal o profesional, ahora lo que se lleva dentro de mí es la sobrevaloración. He pasado de pensar que la vida no es nada especialmente destacable, que debe haber algo más, que siempre se puede hacer mejor y que casi nada tiene sustancia, a pensar que todo en esta vida está sobrevalorado. Y no sólo hablo sobre los bienes materiales o económicos, sino también sobre todo lo concerniente a las relaciones entre las personas.











