Quizás no sea justo y todo sea futo de la tristeza, del abatimiento y de la frustración que ahora me acompañan, pero bueno, no me queda otra. Algunos de ustedes sabrán que he estado examinándome esta semana en Madrid, y de hecho en ello sigo hasta el final, para intentar obtener una plaza de investigador fijo en España. Acaban de salir los resultados del primer examen y, aunque lo he aprobado, he quedado muy lejos en puntuación de la gente de cabeza. No es que esperara obtenerla, pero tampoco pensaba que me iba a quedar a tanta distancia. Y más aún cuando me ha salido el mejor de los exámenes posibles, lo que no ha sido, evidentamente, suficiente. No quiero pensar cómo será el resultado el día que tenga una mala actuación, esté nervioso y tenso y no sepa responder a las preguntas del correspondiente tribunal. También es cierto que yo era el más joven, con diferencia, el que tenía menos experiencia y que este año, dado el bestial recortes de fondos para investigación y las casi nulas plazas ofertadas con la consecuente fuerte competencia, esta era una aventura especialmente difícil. Suicida, casi.
Pero aún así, a día de hoy es imposible. Igual que con los famosos contratos Ramón y Cajal, relativamente estables. O mucho cambian las cosas o de aquí a cuatro o cinco años o incluso más me puedo ir olvidando de ellos. Son inalcanzables. ¿Y qué queda entonces? O Alemania o contratos de tres años en España, cuya obtención no es para nada segura. Y eso es lo que no compensa. Lo pienso una y otra vez. Y no puede ser. Porque no compensa. Porque después ¿qué se hace? ¿Vuelves al extranjero? ¿Das carpetazo a la vida investigadora e intentas entrar en el mercado laboral con 35 años? No compensa. No compensa tener un salario en España un 40 % más bajo por un puesto de la misma categoría profesional y sin embargo pagar el doble por el alquiler del piso donde vives. No hablemos ya de comprar una vivienda. No compensa. No compensa que el precio de las cosas sea similar o incluso más barato en Alemania y que además en España cualquier mindundi gane lo mismo o incluso más que tú, no pague impuestos y se haya esforzado la centésima parte de lo que tú has hecho en tu vida. Que en Madrid te cobren 5 € por una simple botella de cerveza holandesa es directamente un crimen. Tenemos un país muy pero que muy sobrevalorado. Y además, esa valoración es sobre la nada, porque eso es lo que hay debajo de toda nuestra fachada. No compensa volver a una ciudad con agobios, donde no se puede conducir, donde no puedes dejar el coche en la calle, llena de atascos, caótica y sucia. No compensa. Sí compensa estar a 15 minutos andando del trabajo y a 10 del centro. Esto es, tenerlo todo a mano. Y si al final hay conjunción planetaria y por casualidad consigues una posición medianamente estable en España, tener y formar a estudiantes es la siguiente batalla, porque no les puedes ofrecer estabilidad. No hay manera. Y sin contar la de cabezazos contra la pared que te vas a dar en vano. Son batallas tras batallas sin que se pueda ver el final. Ahora más que nunca es cuando sigo pensando que no sé qué quiero hacer con mi vida. Porque prácticamente nada me ata a mi país y ciudad de origen. Y que conste que a toda la buena gente que conozco le tengo un gran aprecio, pero estoy hablando de otras ideas. Porque si echo de menos el mar, símplemente tengo que agarrar un avión y pasar un fin de semana en Cádiz. Porque como dije hace algo de tiempo, cambio esa excursión por ir a pasar el fin de semana a Dresden. O a Hamburgo. No sé, sinceramente...