domingo, 25 de noviembre de 2007

Dresde

Tenía pendiente el artículo correspondiente, tras la vista de finales de Septiembre. Después de la vista a Berlín y la no mucha predisposición de Pablo a venir a Jena, al siguiente fin de semana acudimos a Dresde. El día fue espectacular, de pleno verano, como podréis ver en las fotos. ICE hasta Leipzig y luego otro ICE hasta Dresden (nombre de la ciudad en alemán). Existía también la combinación de n+1 trenes regionales, pero, tal y como le dije un amigo de Jena originario de Valencia, "ya somos doctores hechos y derechos y podemos ir en ICE más cómodamente. Además hay que aprovechar la BahnCard 50".

Dresden Hauptbahnhof

Dresde es una ciudad bonita, sin duda, pero ese día me decepcionó un poco, quizás injustamente. Yo iba con la idea preconcebida de todo lo que había escuchado y leído, y es que se dice que Dresde es la Florencia del Elba. Pues eso, acompañado de la recientísima visita a Berlín, ciudad realmente fascinante, hizo que Dresde me pareciera poco, quizás me esperaba más. Además, ese día no llevaba yo el mando de la visita, y no me terminaba de orientar con los planos y monumentos, lo que también pudo influir. Tengo que decir de todas formas que mientras he estado recopilando las fotos para escribir el artículo, me he alegrado bastante, porque me han parecido preciosas. Por lo tanto se puede decir que Dresde es una ciudad cuya visita es imprescindible. Prácticamente destruida tras los bombardeos de la segunda guerra mundial, casi la totalidad de sus monumentos han sido reconstruidos.

Tras bajar del tren y encontrarnos con Pablo, fuimos en tranvía hacia el centro de la ciudad. Cerca del Zwinger desayunamos. El Zwinger es una fortificación barroca, uno de los símbolos de la ciudad, con naves a ambos lados, un jardín en el centro y el Pabellón de las murallas o Wallpavilion en la parte central.

Wallpavillon

Deutscher Pavillon con su Kronentor, que alberga la Zwingergalerie

Zoologister Pavillon

Bonita vista de los jardines centrales, con sus fuentes, y el Glockenspielpavillon


De ahí nos fuimos a la Neumarkt, pasando por el Schloss y la Hofkirche, de estilo barroco romano, ahora declarada Catedral. En la Neumarkt destaca sin duda la famosa Frauenkirche, la iglesia más antigua de la ciudad, del siglo IX, totalmente reconstruida en la actualidad y con una estatua de Lutero a la entrada.

Schloss

Hofkirche

Hofkirche (izquierda) y Schloss (derecha) desde la Theaterplatz

Neumarkt

Frauenkirche

Abundan los palacios en el centro de la ciudad. Tras pasear por la orilla del Elba en la Terrasenufer, cruzamos el puente de Augustus en dirección a la Neustadt. Por allí Pablo nos llevó a un gran parque y a una de las orillas del Elba donde se puede captar una buena panorámica de la ciudad. Encontramos un sitio donde simulaban la Oktoberfest bávara y allí comimos algo.

Desde la otra orilla del Elba

Jugando con Pablo en la Neustadt

Ya por la tarde, de nuevo en el centro, en una Theaterplatz presidida por una estatua ecuestre del rey Juan I de Sajonia (un señor que vivió en el siglo XIX y que se pasó media vida intentando traducir La Divina Comedia de Dante) visitamos la Ópera, con su entrada coronada por una cuadriga.

Semperoper, desde la Theaterplatz

La visita terminó con un café, otro paseíto por el centro y volviendo a Jena por el mismo camino que vinimos. Otra ciudad más para la colección.

sábado, 24 de noviembre de 2007

De nuevo al Hauptgebäude para meditar sobre las puertas

Allí comí ayer, tras más de un mes, dos incluso diría yo. Después de preparar unas muestras, mi jefe me preguntó que si me iba a comer con él y, aunque no entraba entre mis planes porque últimamente suelo ir a casa, le dije que sí. Últimamente pasaba totalmente de mis compañeros de trabajo en cuento al lunch se refiere, por la sencilla razón de que parece que esa es la tónica general alemana, cada uno a su bola.

Ayer, sin embargo, se nos sentó un chico en la mesa, previa petición de permiso, algo que creo que también es normal en Alemania. En esto parece que la costumbre alemana es bastante diferente a la española. Recuerdo una vez en la que un imbécil del centro donde trabajaba en Sevilla se pilló un buen rebote porque un día en el que el comedor estaba bastante lleno, y tras llevar esperando más de media hora a que se terminaran el café y la tertulia, nos sentamos al otro lado de la mesa alargada en la que estaban él y sus compis. A fin de cuentas es un comedor para la gente que trabaja allí, no es un lugar para cenas privadas románticas, y ante todo somos compañeros de trabajo. Ahí me vino la idea del distinto grado de sociabilidad de la gente en distintos países, lo que provocó un diálogo con mi jefe, en alemán, que intentaré reescribir:

Ich: Hay una cosa que no me gusta del instituto, y es que nadie come con nadie. No sé si será normal en Alemania o es algo específico de Jena o de nuestro instituto. Todo lo contrario que en España, donde siempre nos reunimos y buscamos para comer, sea gente del mismo grupo o de otros, es quizás el acontecimiento social más importante del día.

Der Chef: Sí, es cierto, aunque en Bayreuth las cosas son diferentes.

Ich: Bueno, no es comparable, ten en cuenta que primero, aquello es un Instituto de investigación y, segundo, hay muchísima gente extranjera trabajando allí.

Der Chef: Ya, pero aparte de eso, la gente en nuestro instituto no es muy sociable. Fíjate en una cosa, la única puerta de un despacho que está abierta en todo el instituto es la tuya. Todas las demás están cerradas, la gente se encierra y no interacciona apenas.

Ich: La verdad es que no me había fijado en eso, supongo que habrá sido un acto instintivo, no lo había pensado para nada.

Me ha llamado la atención eso de las puertas. Mi jefe es demasiado observador, y no sé si debo preocuparme por tal hecho, y es que me voy a sentir más observado y examinado aún. Ahora que lo pienso, en mi Instituto de Sevilla casi todas la puertas de los despachos o laboratorios están abiertas como norma general cuando la gente está trabajando. Las pocas veces que yo cerraba la puerta del laboratorio era cuando necesitaba mucha concentración o bien cuando los de enfrente tenían la música algo alta. En California, si la cerraba era por el frío, y allí había división de opiniones, casi un 50:50. De Finlandia no puedo opinar porque estuve en verano, aunque creo que los que estaban sí tenían la puerta abierta mientras trabajaban en su oficina. Curiosa correlación, sin duda.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Leipzig

Bonita ciudad de Sajonia, la más importante del este de Alemania tras Berlín. Ciudad comercial por excelencia desde la antigüedad, en la que actualmente vive alrededor de medio millón de personas. Allí estaba yo el domingo pasado, invitado por el amigo Luis, medio alemán él ya.

Gran fuerza de voluntad tuve que hacer para madrugar un domingo, pero no hay otra forma de visitar sitios. Además, hacía bastante frío. Llegué a la estación de tren hacia las 10 de la mañana, donde me recogieron. Seguidamente, hicimos un brunch, esta mezcla de desayuno y almuerzo. Parece que es una costumbre típica alemana, al menos en el sitio en el que estuvimos, donde se reúnen familias con niños para pasar las primeras horas del domingo. Los niños podían incluso pedir prestados muchos juegos. Y, tras esto, comenzamos la visita a la ciudad.

La primera parada tuvo lugar en la Markplatz, plaza céntrica de toda ciudad alemana que se precie, donde se sitúa el Altes Rathaus, o ayuntamiento viejo, construido en el siglo XVI y de estilo renacentista.

Altes Rathaus, Markplatz

Tras esto, visitamos la Nachmarkt, el mercado de los dulces. Allí está la Alte Handelsbörse, o Bolsa antigua, actualmente una sala de conciertos. Una estatua de Goethe preside la plaza. Una cosa que me llamó la atención de la ciudad fueron sus galerías comerciales, calles normales pero cubiertas, dentro de edificios. Allí se puede encontrar un innumerable número de tiendas de toda clase y condición.

Alte Handelsbörse y Goethe Denkmal

Otro de los puntos notables de la ciudad es la Iglesia de San Nicolás, Nikolaikirche, cuya construcción se inició en el siglo XII aunque no fue hasta el XVI cuando se finalizó. Sitio importante porque fue aquí donde se inició la rebelión contra el régimen socialista, a finales de los años 80. Lo que comenzarin siendo oraciones por la paz, lunes tras lunes, se convirtieron en símbolo de la resistencia al comunismo, llegando al momento de máxima tensión el 9 de Octubre de 1989. Ya desde el mes de mayo de ese año la policía del régimen socialista bloqueaba los accesos a la Iglesia e incluso a la ciudad, intentando que las concentraciones se desarrollaran en algún lugar no céntrico de Leipzig. Pese a las detenciones, la afluencia de manifestantes aumentaba lunes tras lunes. El 7 de Octubre, aniversario de la fundación de la RDA o DDR, en una ciudad ferozmente controlada por militares, milicias y policías uniformados o vestidos de paisano, la policía apaleó durante más de 10 horas a personas indefensas que se concentraban junto a la Iglesia de San Nicolás, llevándose en camiones a cientos de manifestantes, que fueron apretujados en establos en la ciudad de Markkleeberg. Desde el régimen se llamaba a acabar con lo que ellos consideraban como la contrarrevolución, haciendo uso de las armas en caso de ser necesario. La situación que se vivió el 9 de Octubre de 1989 fue bastante tensa, aunque finalmente el régimen, ya en plena descomposición, cedió ante la rebelión ciudadana. En el exterior de la plaza se reunieron decenas de miles de personas con velas en las manos. En memoria de los represaliados, simulando a estas velas, se pueden ver baldosas blancas en el suelo de la plaza, que se encienden cada noche.

Nikolaikirche


La Augustusplatz es un amplio espacio donde se encuentran dos edificios eminentemente culturales, la Opernhaus, Ópera, y la Gewandhaus, donde se pueden disfrutar, entre otros, de conciertos de la Gewandhausorchester, una de las más famosas del mundo.

Opernhaus

Gewandhaus

El Neues Rathaus, ayuntamiento nuevo, construido a principios del siglo XX en torno a una torre redonda de 114 m de altura también merece la pena ser visitado, así como la Iglesia de Santo Tomás, Thomaskirche, la más antigua de la ciudad, donde los fines de semana se puede disfrutar de las espectaculares representaciones que hace el coro de cantatas y otras obras de Bach, quien fue director del coro de esta iglesia. Se puede ver una estatua suya en la plaza exterior, así como la Thomasschule, una escuela fundada en el siglo XII. Nosotros tuvimos la suerte de que en el momento en el que entramos, el coro estaba ensayando.

Neues Rathaus

Thomaskirche

Bach-Denkmal

Aquí finalizó la visita turística. Cené con Luis y su familia en su casa, disfrutando de buena comida y bebida, como queso de Mahón, sobrasada y una fabada exquisita, para volver seguidamente a Jena. Llegué en el primer ICE y me marché en el último. No dejen de visitar la ciudad, merece la pena realmente.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Nieve

Fallé en mis pronósticos por algo más de un mes, y es que hoy, 14 de Noviembre, he visto nevar por primera vez en mi vida. Eran las 8 de la mañana y durante el resto del día ha estado nevando intermitentemente. No ha sido una nevada fuerte, sino que hemos tenido pequeños y ligeros copos que se derretían justo al llegar al suelo, por lo que no ha cuajado en las calles. Las estampas blancas tendrán que esperar un poco más. Pero sí se han podido ver cubiertas de blanco las cumbres de las montañas que protegen a la ciudad de Jena. Ahí estamos, como un niño con zapatos nuevos. Dentro de poco me veo jugando con la nieve y haciendo muñecos.

Desde mi ventana

Karl-Liebknecht Straße

sábado, 10 de noviembre de 2007

Es ist kalt, aber nicht so viel

Pero quizás no tanto como nos espera. Eso me dijo ayer mi compañero checo de despacho, que para nada hace frío (aún). Vista tal perspectiva hoy mismo he decidido comprarme un abrigo algo más grueso que el que he traído de España, unos guantes hipermegaaislantes y un gorrito de lana.

Amenazas de nieve y fuertes vientos en el Thüringer Becken

No ha sido esta una buena semana, que se me ha hecho larguísima e interminable. Más sueño y más cansancio de lo habitual han hecho que haya estado demasiado apático, haciéndoseme imposible levantarme por las mañanas, pese a dormir las horas en teoría suficientes. Y encima, la charla que tuve que dar en el Instituto el pasado martes no me gustó en absoluto, aunque luego mi jefe me dijo que había estado bien. Supongo que el cambio de hora y esto de que a las 5 de la tarde ya sea noche cerrada no sale gratis, y menos para un español del sur.

Tras la granizada del martes, desde mi ventana

De todas formas aún no ha nevado, y yo sigo manteniendo mi apuesta sobre la primera nevada en Jena, que se producirá el 15 de Diciembre. Sin embargo, el pasado martes, justo cuando estaba almorzando en casa, cayó una importante granizada que dejó algo blanco el suelo, lo que puede ser un preludio de lo que nos espera. Who knows...

domingo, 4 de noviembre de 2007

La cena

El jueves anterior me encargué de reservar uno de los salones de la casa-residencia donde vivo actualmente. Mi casa es pequeña y no cabe mucha gente, pero tampoco sabía si me iban a dejar usar una Seminaraum para una cena con amigos. Resulta que ese es su propósito principal, así que no hubo ningún problema. El viernes me dieron las llaves tanto de la sala como de la cocina que podía usar, una pasada. Teníamos hasta piano.

Menú de la noche


El sábado por la noche pasamos un buen rato, disfrutando de la rica gastronomía española, como ustedes pueden observar: Dos tortillas de patatas de ocho huevos cada una, endivias con roqueford, aceitunas, jamón, queso, pimientos con atún y vinos de La Rioja y Sicilia. Al final no nos juntamos muchos, cinco en primera convocatoria y siete en segunda, ya que gran parte de la comunidad estaba fuera de la ciudad, pero acabamos con todo. Faltó que alguno se animara a amenizar musicalmente la noche. Así fue cómo dejé de ser joven de manera oficial, ahora en Alemania.

sábado, 3 de noviembre de 2007

27

Nada original, que el autor reclame sus derechos, pero

El número 27 es:

Y hoy, me toca.

viernes, 2 de noviembre de 2007

En la parte checa

Y un frío domingo llegó en Bozí Dar, donde habíamos pasado la noche. Gracias al cambio de hora pudimos dormir una hora más. Además, ese día no teníamos tantas cosas que ver, por lo que no merecía la pena madrugar excesivamente. De nuevo, una espesa niebla nos acompañaba; esa noche, de hecho, bajamos de los cero grados.

Iglesia de Bozí Dar desde la ventana de mi habitación

Tras el desayuno nos volvimos a montar en las furgonetas y seguimos viendo rocas. Afortunadamente las visitas fueron bastante más limpias que en el día anterior. Yo ya no estaba tan interesado en el tema científico, todo hay que decirlo. Ya no eran las rocas que yo voy a estudiar, aunque siempre es momento para aprender. Por otra parte, también hay que considerar la paliza del día anterior.

Rocas metamórficas checas

Destaco la visita la que hicimos a Mariánských Lázní, ciudad en la que creía que íbamos a dormir, donde vimos un museo de rocas al aire libre. Preciosa la estampa otoñal, con las hojas caídas de los árboles sobre el suelo y una tonalidad marrón general característica, con la gente paseando abrigada en aquella gélida mañana dominical. Una parada más nos quedaba, ya en plena naturaleza. Esa parte de la República Checa es bonita, con sus bosques y formaciones geológicas. Un fin de semana por allí debe estar bien, preferentemente en verano, alejado del mundanal ruido.

Entrada al parque geológico de Mariánských Lázní



Roca que causó sensación


Bonita estampa otoñal

De izquieda a derecha, algo desenfocados: Michael, servidor, Ettore y Simone

Tras separanos las furgonetas y despedirmos, los componentes de la parte alemana de la red (dos alemanes, un checo y un español) iniciamos camino de retorno a casa. Por el contrario, la furgoneta que iba camino del aeropuerto de Praga iba completamente llena. Llegamos a Bayreuth a las 16.30 y yo pillé un tren destino Jena a las 17. Era la primera tarde-noche del nuevo horario, y a las 17.30 ya era casi de noche. Terrible. Unas tres horas más tarde estaba, por fin, en casa. Esta vez el tranvía de Jena sí hizo el recorrido oficial. El fin de semana había sido excepcional, pero había acabado muy cansado. Había conocido a mucha gente y volvía el crudo retorno a la vacía rutina diaria, como después de todo congreso. El lunes hice caso a mi jefe, que dice que trabajamos para vivir y no al revés, y me quedé en casa, calentito y descansando. Tenía que comprar cosas y, sobre todo, necesitaba dormir y descansar.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Las montañas alemanas del Erzgebirge

Esa era la excursión que teníamos programada tras el congreso. Tanto mi jefa de España como Markitus huyeron pavorosamente y me dejaron solo ante el peligro, rodeado de desperate geologists. Nada más terminar nos montamos en un taxi camino del aeropuerto, donde alquilamos otra furgoneta y emprendimos camino hacia el norte, hacia Alemania, dirección Dresde.

Mapa esquemático

El paso de la frontera fue digno de mención, en lo alto de una montaña, con mucho frío, rodeado de bloques de hielo y con una niebla espesísima. ¡Achtung! Y es que tras entregar los pasaportes al amable policía alemán de la frontera nos pidieron muy amablemente que nos bajáramos y, hala, a registrar los coches que se pusieron. Supongo yo que se extrañarían de dos furgonetas llenas de gente de bastantes países (alemanes, checo, español, francés, italianos, holandesa, chileno, suizo y británicos) aunque puedo prometer y prometo que no teníamos pinta de una banda de mafiosos. Nos dejaron pasar, efectivamente, pero no dejó de ser curioso. Sólo hubiera faltado que los policías hablaran en ruso para ser igual que las escenas de películas antiguas en las que se cruza una frontera peligrosa.

Nada más cruzar la frontera paramos en Altenberg, donde vimos un museo en el que se explicaba la extracción del estaño de las rocas del lugar. Métodos artesanales pero bastante currados.

Y de ahí, a buscar el hotel, apresurándonos porque se nos empezaba a echar encima la noche. Resulta que algunas carretetas estaban cortadas y era algo complicado llegar. Nos perdimos. Mucho dinero que tienen los de la red pero luego se les olvida alquilar una furgoneta con un simple GPS. Tras una hora de vuelta por las montañitas aquellas, logramos que unos lugareños nos indicaran el camino del hotel donde nos íbamos a quedar. Es aquí donde se produjo uno de los hechos más surrealistas que yo he presenciado en toda mi vida. De repente, el coche de los lugareños se para, el conductor se dirige al maletero, saca una garrafa y un embudo... y se pone a echar gasolina al coche. Imaginen el cachondeíto...

Hotel del viernes

Finalmente llegamos al hotel, en un pueblo de Sajonia llamado Großwaltersdorf, en pleno Erzgebirge medio. La cena bien, una sopa o crema con champiñones y un filete cubierto con una salsa con champiñones. Ideal (inciso, las setas son de las pocas cosas que no me gustan). Realmente la culpa fue mía, porque ni tenía ganas de tomar salmón ni el otro plato que teníamos para elegir, que mi compañero de habitación, suizo él, me había traducido del alemán al inglés. Comoquiera que tampoco en inglés sabía lo que era y viendo la ayuda de Michael, que me dijo que era "un aminalillo del bosque", lo que provocó que inmediatamente me acordara de Bambi, decidí no comer ese plato.

¿A que tú tampoco hubieras escogido el plato número dos, "un animalito del bosque"?

A la mañana siguiente, muy temprano, nos levantamos en medio de una niebla no demasiado espesa. Fuimos con nuestro guía, un alemán que está más pallá que pacá a ver las primeras rocas. Al principio me gustó y todo, en especial las dos primeras paradas. Son las rocas que yo estudio y mi jefe actual me había pedido que pillara algunas. El tío me había dado unos guantes especiales e incluso un pico. Como Falko siempre está bromeando nunca sabré si eso fue otra más de sus gracias o si realmente estaba hablando en serio. Afortunadamente David, un checo que trabaja en Bayreuth, y especialista en martillos y muestreo de rocas varias, me dijo que no me preocupara, que él rompería las rocas necesarias y me las daría. ¡Olé ahí!

First stop

La ruta siguió por el borde de un lago. En verano tiene que ser hasta chulo y bonito y todo. Desgraciadamente, las rocas que realmente me interesaban estaban cubiertas por agua, así que otra vez será. Aún así pillé algunas. Espero que el guía alemán no me haya timado.


Bonito lago cerca de Großwaltersdorf, Sajonia

La dura vida del geólogo de botas

Estudiantes de la red, de izquierda a derecha: Ich, Michael, Felipe y Matthieu

Idílico paisaje sajón

Todo bien por el momento, y es que estábamos disfrutando de paseos agradables por el bosque, tranquilos, paisajes bonitos, sin sol pero sin excesivo frío. Ahí se acabó la parte interesante de la excursión. Las siguientes paradas, tras el correspondiente uso de la lunch bag, fueron en canteras a cielo abierto sobre cinco centímetros de barro. ¡Qué asco madre mía! Acabé de barro hasta las cejas, y eso que llevaba unas botas medianamente aceptables. En esto tengo que reconocer que soy de lo más torpe, aunque no el que más. Michael, suizo y físico él, por lo que estaría más perdido aún que servidor con tantas piedras, con unas zapatillas de deporte normales apenas se manchó nada. El consuelo es que hubo bastante gente que acabó peor que yo. Mal de muchos... epidemia.

Seguro que ahí dice: ¡Cuidado! ¡Os vais a poner de barro hasta la coronilla!

Así era todo, too muddy...

La verdad es que yo no me explicaba el ansia de la gente por ver pedruscos. Un poco está bien, un rato, vale, pero tampoco hay que pasarse y escalar por los lugares más recónditos, con una lluvia fina continua, llenos de barro sólo por ver más rocas. Ya me empezaba a cansar el asunto. De hecho en la última parada, cuando había que subir como las cabras una ladera, servidor opinó que ya era suficiente y se volvió solito a las furgonetas. A fin de cuentas yo soy Químico, y como hoy me ha dicho mi jefa sevillana por mail: "O sea, que el viajito no tuvo desperdicio, no??. Es que los geólogos están colgados Alberto, hay que tener cuidado con ellos."

Seguridad ante todo

Explicaciones del guía, martillo en mano

Imaginen cómo quedaron las furgonetas, frase del mail del coordinador de la red: "I hope that by now you got the dirt of your shoes from the field trip. We got into trouble here for returning the van so dirty. Ettore had a similar problem when returning the van in Prague. "

Porquería de los zapatos y de lo que no eran zapatos, pero eso ya es otra historia. Finalmente cruzamos la frontera checa de nuevo, ya de noche, y dormimos en Bozí Dar, un pueblo checo justo en la frontera con Alemania. Allí cenamos, hice foto al hielo de la zona, tomamos cervezas (chollo checo, a euro la cerveza tamaño alemán) y nos fuimos a dormir. La versión checa de la excursión, al día siguiente, será motivo de otro capítulo, aunque este día es totalmente insuperable...

Hielo checo

Bonita decoración de las paredes del hotel de Bozí Dar

lunes, 29 de octubre de 2007

Praga


Merece la pena visitarla, sin duda. La República Checa, junto con su capital, se une a los países visitados por servidor. Lo que pasa es que apenas tuve tiempo para disfrutar de la ciudad, cosas del trabajo. Tras pasar noche en Bayreuth, partimos la mañana del jueves en coche hasta Praga. La República Checa no está en el espacio Schengen, por lo que tuvimos que pasar un control de pasaportes, primero alemán y seguidamente, checo. Costó algo llegar, y es que las carreteras checas no son especialmente buenas. Están construyendo autopistas, aunque aún les queda bastante por recorrer y, al menos por lo que vi, la parte rural del país no es especialmente llamativa, peor incluso que la Alemania del Este. Tremenda herencia que arrastran, pero tiempo al tiempo...

Primera foto checa, nada más pasar la frontera y comprar la pegatina correspondiente para poder circular por las autopistas

Mapa esquemático del país

Llegamos a Praga hacia la 1.30 de la tarde, costándonos bastante llegar al centro por el tráfico denso y un poco caótico que nos tocó. De ahí, a la Universidad y a atender las conferencias, reencontrándome con mi jefa de Sevilla y con mi sucesor en el puesto de estudiante. Me llamó la atención el metro de la ciudad, muy bueno, y bastante profundo. Da un poco de vértigo bajar o subir esas escaleras mecánicas tan pronunciadas. Falko me dijo que tanta profundidad es tónica en los países del este, ya que las galerías del metro también estaban pensadas para ser refugios en caso de emergencia y bombardeos.

Tras las conferencias celebramos la cena del congreso en un restaurante céntrico. Bastante cerveza, haciendo honor a ese dato que dice que la República Checa es el país donde más cerveza per cápita se bebe; y bastante comida, medio pato asado. Allí empecé a conocer al resto de estudiantes de la red, donde dominan ampliamente los italianos, tres en total, frente a un francés y un suizo. Yo soy el único postdoc, por el momento.

Sólo pude visitar algo de la ciudad después de la cena. Fui a la céntrica plaza Staroměstké Náměstí, donde pude tomar algunas fotos nocturnas del Ayuntamiento de la ciudad vieja y su reloj astronómico, y las iglesias de Nuestra Señora de Tyn y de San Nicolás. De ahí, al hotel.

Staroměstké Náměstí, con el Ayuntamiento a la derecha

Nuestra Señora de Tyn

San Nicolás

Reloj astronómico del ayuntamiento

Al día siguiente me tocaba dar la conferencia, que me salió bien y parece ser que gustó, pese a ser boicoteado por el ordenador de la sala de charlas, ya que en la diapositiva estrella no aparecieron unos dibujos de estructuras que me había trabajado bastante.

Torre de la Pólvora

Al finalizar el congreso emprendimos camino raudo y veloz destino a Sajonia. El siguiente paso era una excursión, que ha sido memorable, por la zona del Erzgebirge para ver rocas formadas a alta presión, pero eso será otro capítulo.

miércoles, 24 de octubre de 2007

A Praga

Praga según aparece en Wikitravel

Lo que queda de semana lo pasaré en la República Checa, primero en Praga y luego en las montañas, en una ciudad que se llama Mariánských Lázní, visitando también la parte alemana, el Erzgebirge. Motivos laborares, Congreso en Praga, donde tengo que dar una charla, y luego excursión para ver rocas y demás cosas geológicas. Además de esa zona vienen las muestras que yo trato de estudiar. A ver si no hace mucho frío y me da tiempo de ver algo interesante.

miércoles, 17 de octubre de 2007

De nuevo en Jena

Parte del equipaje en el viaje de vuelta

Si la ida fueron 13 horas, el viaje de vuelta alcanzó las 14, una hora más de trasbordo en el aeropuerto de Barajas para estar de nuevo en casa. Porque a fin de cuentas mi casa ahora está en Alemania. Curiosas sensaciones.

Buen fin de semana largo que he pasado en España, con buena temperatura. Sábado y Domingo en la playa. Geniales los dos paseos por la orilla del mar en Chiclana, que no me esperaba ni de lejos, uno que ya iba con mentalidad invernal. Así que volví a tener comidas familiares y desayunos típicos de domingo en los sitios donde suelo ir, con el periódico recién comprado. El Lunes visita al Instituto y su gente y, por la tarde, paseo por el centro de Sevilla y, de paso, comprar algunos libros. El invierno germánico está a punto de llegar y es necesario tener material para entretenerse en casa en el caso que la nieve no me deje salir de ella. Interesante la limpieza que están haciendo de la Catedral de Sevilla, creo que nunca había visto tan claras las piedras. Ya tocaba.

La gracia fue al llegar a Jena, pese a que la cosa estuvo algo caótica en el aeropuerto de Frankfurt. El billete del tren me incluía un viaje dentro de los transportes urbanos, así que debido a la carga que llevaba y a la considerable distancia que separa la estación de Jena West de mi nueva residencia, decidí usarlo, siendo esta la primera vez que pillo un tranvía o autobús en Jena. Cualquier parecido con la realidad entre el plano de la red de tranvías y el recorrido que estos siguen es pura coincidencia. Resulta que las líneas 2 y 4 son las que paran cerca de casa, así que al ver un tranvía con el número 4 en dirección a casa, no dudé en subirme. Menos mal que me di cuenta que en la Universidad siguió hacia el norte, y no hacia el este. Me aseguré luego que realmente era la línea 4, confirmándolo. Así que desde ayer desconfío del sistema de transporte público jenense.

viernes, 12 de octubre de 2007

Puente español

¿De vuelta a casa? Eso me preguntaba ayer a varios kilómetros de altura. ¿Cuál es mi casa ahora? Y más aún cuando regreso a casa de mis padres. La respuesta es que no lo sabía, y de hecho no lo sé.

Este fin de semana he vuelto a Sevilla para disfrutar del puente del Pilar, que no hay que perder las costumbres españolas. Y de paso pillo algo de ropa de abrigo. La idea inicial, como ya comenté hace tiempo, era haber venido a finales de Agosto y cargar el coche con todo lo útil para Alemania, pero esa opción se desvaneció. Así que allá por el mes de Septiembre compré billetes para volver este fin de semana, aprovechando que había un día festivo extra que permite estar un día más con la familia.

Una vuelta diferente, muy distinta a los regresos de Finlandia y California, cuando, a pesar de haber estado un tiempo similar al que ahora llevo en Alemania, sí sentía que volvía a casa. La razón es clara, y es que lo de ahora no es temporal. Bueno, sí lo es, pero durará bastante más de tres meses. Además, ahora sí tengo una buena casa, algo mejor que la de Finlandia y estratosféricamente superior a la de California. Eso también influye. Otra cosa que me resultó algo chocante es el estar rodeado de españoles en los alrededores de la puerta de embarque del aeropuerto de Frankfurt, y es que ya me había acostumbrado a que la gente a mi alrededor hablara de sus cosas y yo apenas me enterara. Muy contradictorio todo, pareciendo por un lado como si hubiera estado fuera mucho tiempo y todo lo contrario por el otro.

El viaje merece mención aparte. Salí de mi casa en Jena a las 8.50 de la mañana y llegué a casa de mis padres casi a las 11 de la noche, casi 13 horas después, con retrasos de aviones incluidos. Esto de que Clickair suprimiera el vuelo directo entre Frankfurt y Sevilla complica algo más el asunto. Y eso que desde Sevilla hay bastante tráfico aéreo, de hecho los aviones con Madrid, que suelen pillarse casi exclusivamente para conectar en Barajas con algún vuelo internacional, van llenos. O ponen más conexiones o bien crean más rutas directas desde Sevilla. Negocio hay, y negocio había también entre Frankfurt y Sevilla, mi vuelo allá a finales de Julio iba prácticamente completo. No hay ninguna conexión directa desde Sevilla con ningún aeropuerto importante de Alemania. Pero eso es otra historia...

Y una vez en Sevilla, gratamente soprendido por el tiempo. De salir de Alemania con 4 grados de mínima a encontrarme 23 al aterrizar, con máximas hoy que rondan los 30ºC y un lujoso sol. Ya acostumbrado al fresquito, para nada me esperaba esto. Es curioso como puede cambiar la mentalidad de uno en tan poco tiempo. De hecho hasta puede que caiga algún baño en aguas atlánticas, jeje.

Así que por el momento toca disfrutar de estos días, hasta el martes, que tengo el viaje de vuelta. Entretanto, feliz fin de semana.

lunes, 1 de octubre de 2007

El otoño llegó

Vista desde la ventana de mi casa

Fresquito, hojas por el suelo, lluvia... definitivamente hemos dejado atrás el verano. Este fin de semana he vuelto a mi apartamento original, esperando que a finales de esta semana pueda instalarme definitivamente. También ha aumentado la nómina de españoles en Jena, aunque estamos en clarísima minoría respectro a los italianos, que sí que son una plaga. Ah, y curioso bar de estilo soviético en el que estuve un rato el sábado por la noche, con su estrellita roja de cinco puntas y todo. No me acuerdo del nombre, pero es un sitio a destacar en la ciudad. Uno de los italianos me comentó la forma curiosa que tenían de lavar los vasos de cerveza. Pese a que Luis me dijo luego que a saber cómo lo harían en otros sitios donde no lo ves, me decidí por tomar una cerveza embotellada normal. Tres cervezas de distinto tipo, tamaño alemán, cayeron esa noche, una barbaridad para mí, demasiado volumen: una Weiss, una Pils y una Desperados, mexicana embotellada (sí, la del bar estilo soviético con gente del gótico tardío) con aroma de tequila. El domingo amanecí con un poco de dolor de cabeza y un ligero malestar. He descubierto que ya no puedo mezclar ni diferentes tipos de cervezas... mala cosa.